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03-07-2009 / La rubia más sexy acaba de ser mamá y cuenta la intimidad de los primeros días junto a su hija. “De mí sacó la nariz y los ojos, y del papá la boca”, revela. Las precauciones por temor a la gripe A y los episodios escatológicos que divierten a la pareja. “Somos una familia que ya no se puede dividir más”, asegura.
Por Gastón Rodríguez
gastonr@revista7dias.com
Tienen el semblante solar de los primerizos. Sonrisas calcadas, buen humor a tiempo completo y unas huellas de cansancio que a ninguno de los dos parece importarle demasiado. Rocío Guirao Díaz y Nicolás Paladini nombraron Aitana a su frutilla del postre. Como si se tratara de una película romántica sin llantos en el medio y con previsible final feliz, la modelo y el empresario construyeron una relación con todos los condimentos: noviazgo explosivo, escapadas, casamiento en Rosario y baby shower mediático para apaciguar la espera. El último capítulo: una belleza en escarpines de más de tres kilos y cien gramos que desde su llegada al mundo el miércoles 24 de junio le dio otro sentido a la vida de su madre.
“Los primeros días en el sanatorio fueron bastantes caóticos. Eran momentos de mucho estrés porque cada cinco minutos entraba alguien a la habitación para conocer a la beba. Primero los parientes, después los amigos... Todo ese movimiento hacía que la nena no se adaptara a mí y que yo tampoco me pudiera adaptar a ella pero una vez en casa llegó la paz”, confiesa Rocío, desde ese búnker inexpugnable que es el hogar.
–Llegó el momento del disfrute egoísta...
–Sí, totalmente. En ese sentido estoy insoportable. No la presto ni en pedo. No me gusta que vaya pasando por todos los brazos. Los únicos que pueden alzarla son los abuelos. Los demás no tienen chance. Pero no lo hago de mala sino porque tengo un concepto, y es que ella es muy chiquita y entonces no puede elegir con quién quiere estar y con quién no.
–¿Seguro que no lo hace también por usted?
–Tal vez un poco porque recién en casa pudimos empezar a interactuar con nuestra hija. Cuando con el padre nos quedamos solos dijimos: “Ahora es nuestra posibilidad para disfrutarla todo lo que no pudimos antes”. Así que suspendimos todas las visitas. Desde que salimos de la clínica que no vimos a nadie más. Nos encerramos con ella y por fin nos pudimos adaptar a sus horarios.
–¿Demasiados cambios?
–Sí, bastantes. Pero por suerte se está dando todo naturalmente. Es como cuando una era más joven y salía todas las semanas de miércoles a domingos. No sabías cómo te daba el cuerpo porque no dormías nada, pero igual lo hacías. Bueno, en esta situación pasa lo mismo. El cuerpo se acostumbra solo. Por ejemplo, Aitana es un “relojito”, se despierta cada tres horas. No falla. Pero me levanto con mucha alegría y felicidad. Y después me vuelvo a dormir como si nada. No me puedo quejar. Estamos sincronizados.
–Cuénteme alguna parte fea. ¿Le cambia los pañales?
–Es una fija, cada vez que le doy la teta. Mientras está tomando se tira unos pedos terribles. ¡Es increíble cómo de una cosita tan chiquita puedan salir esos sonidos! Así que una vez que termina con la teta no me queda otra que cambiarla. Pero me encanta. Con “Nico” nos cagamos de la risa.
–¿Y el resto del tiempo cómo se porta?
–Es una santa, no llora nunca. A lo sumo cuando tiene hambre comienza a ponerse un poco molesta, protesta pero sin llegar al llanto. La verdad que es muy copada.
BABERO PARA UNO. Todo empezó en un desfile de moda en Villa María. Él, sentado en primera fila, escaneando cada una de sus pasadas. Ella, en la pasarela, causando infartos en la platea masculina sin acusar recibo de sus insinuaciones. Pero el destino se encaprichó en que sus miradas coincidieran y lo que siguió es historia conocida. Presentación por un amigo en común, intercambio de correos electrónicos, histeriqueos infinitos por chat y el “blanqueamiento” ante los medios en el cumpleaños de ella.
–¿Cómo lo trata a Nicolás la paternidad?
–Él está con el babero puesto todo el tiempo. Parece embobado. Como tuve parto por cesárea los primeros días estuve muy dolorida y no me podía mover mucho. Entonces la tenía que cambiar él y por eso ahora se hace el “canchero”. Como esta entrenado hace lo que quiere con ella.
–¿Continúa con dolores?
–La cesárea es como una operación y como toda operación tiene sus cuidados. Es como una cirugía estética que te hacen por dentro y por afuera. Pero ya estoy recuperada y puedo hacer una vida casi normal. La única precaución que estoy tomando es la de no salir a la calle con la beba por este tema de la gripe A. Los médicos me aconsejaron que me quede en casa, así que prefiero quedarme tranquila en mi hogar.
–¿A quién se parece Aitana?
–Se parece a los dos. De mí sacó los ojos y la nariz y de “Nico” tiene la boca.
–Póngale título a este momento.
–Por lejos, Aitana es lo mejor que me pasó en la vida. Su nacimiento es un milagro. No sólo me renovó las ganas de vivir sino que además me unió mucho más a mi pareja. Somos una familia que ya no se puede dividir jamás. Por esa razón me gustaría que esta felicidad que ahora sentimos los tres dure para siempre.